miércoles, 16 de junio de 2010
La pelota no dobla
La pelota no dobla, señores. Entonces necesitamos de una vez al fútbol que nos gusta a todos, el del toque y la gambeta, el del Messi nuestro de cada día, el inteligente, el oportuno, el que no se produce por el pelotazo ¡pum para arriba!, el que baja como un toque mágico cuando la tocás tres veces y el corazón se te detiene un momentito nomás. Hay quienes le echan la culpa a la pelota, sí, pero esta pelota es increíblemente certera en hacer extremas ciertas virtudes que tiene el fútbol: los arqueros que se estiran, los equipos que tienen que jugar en equipo y la concentración, la inteligencia futbolera, que tiene que aparecer en los pies de los que más saben. Si al fútbol se puede jugar con una media, también se puede jugar con esta liviandad.
El fútbol que esperamos de un Mundial aún no llegó. Los candidatos han sido fieles a lo que son. ¿O es que esperábamos que Italia pasara del empate eterno de su historia? ¿Y España podía no perder cuando se enfrenta a una situación gigante? ¿Brasil podía empezar un Mundial a pleno? Los únicos que han rajado la tierra del fútbol han sido Alemania y Argentina, ambos jugando un magnífico fútbol sudamericano.
Para que la pelota doble, hay que meterle rosca, por que así nomás, no lo hará.
Los brasileños no son latinoamericanos (o algo así creí entender)
El comienzo del Mundial me encontró este año en Río de Janeiro, entre banderitas amarillas y verdes y pantallas gigantes en las playas. Tenía claro que eso suponía convertirme en blanco de todo tipo de bromas (empezando por la misma televisión, que no hacía más que repetir los spots de la cerveza “Skol” en la que se parodia a los argentinos). Todo bien. Forma parte del juego. La rivalidad entre brasileños y argentinos en el fútbol es histórica y no iba a ser yo quien intentara desarticularla.
Por lo tanto, que todos los brasileños estuvieran a favor de Nigeria me pareció normal, aceptable y lógico. Pero que hincharan por Sudáfrica ante México me pareció algo más extraño. Y más extraño me pareció que a ellos les pareciera extraño que yo hinchara por México. “Pero si son latinoamericanos”, argumenté con una lógica para mí irrefutable. “Pero los brasileños no somos latinoamericanos”, respondieron.
Ah, ¿no? ¿Y qué son?
Las charlas al respecto fueron variadas e interesantes. Una directora de cine de Florianópolis me explicó que para ellos Latinoamérica está “a sus espaldas” y que no es hacia allí a donde miran. Una estudiante me dijo que tenían muchos prejuicios. Para ellos México es el patio trasero de Estados Unidos, de lo cual, según me explicaba, responsabilizan a los mismos mexicanos. Los argentinos, por su parte, les caen mal porque se creen muy europeos.
“No tenemos ninguna consciencia de ser latinoamericanos”, me explicó. “Más bien somos africanos”, agregó. Lo que también tiene su lógica…
Busqué y en todas sus acepciones Latinoamérica o América Latina incluye a Brasil, si bien hay controversia sobre el uso de estos términos, ya que excluyen a quienes no hablan lenguas de origen latino, es decir, indígenas y afroamericanos.
Da para mucho. En todo caso, me quedé con ganas de profundizar en el tema. Después de todo, Lula es un referente para Latinoamérica (ahí está, por ejemplo, su actuación tras el golpe en Honduras). Y ahora a Brasil le toca organizar el Mundial del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016. ¿Podremos decir entonces que el Mundial y los Juegos Olímpicos se juegan en Latinoamérica?
sábado, 12 de junio de 2010
Fútbol y Patria: ¿somos más nacionalistas durante el Mundial? Por Isabel Cittadini (*)
11-06-2010 | Mdz on line, Mendoza | Sociedad
Los Mundiales son el mayor espectáculo global de la industria cultural y el público participa ansioso de ese espectáculo. ¿El fútbol permite la aparición de relatos nacionalistas?, ¿canaliza una expectativa colectiva o es un desborde publicitario y político que poco tiene que ver con la pasión por este deporte?
Existe la idea de que el mundo entero entra en una fiebre nacionalista en cada Copa del Mundo. Sin embargo, es imprescindible atender a cada caso local y fundamentalmente a cada momento histórico. La antropología y la sociología latinoamericanas han trabajado largamente en los últimos veinticinco años sobre esta pasión de multitudes.
En Fútbol y Patria, publicado en 2002 y reeditado –ampliado– en 2008, el doctor Pablo Alabarces, investigador principal del Conicet, analizó las relaciones entre fútbol, identidades y nacionalismo en la Argentina a lo largo de la historia del fútbol local. La primera edición cerraba en el Mundial de Corea-Japón, la segunda se ampliaba hasta Alemania 2006.
Las investigaciones sobre las relaciones entre el fútbol y el nacionalismo coinciden en que es imposible formular una teoría general. Sobre la base de ciertas coincidencias, los modos en que el deporte, en especial el fútbol, ha permitido la aparición de los relatos nacionalistas que se modifican en función de múltiples variaciones.
El fenómeno es distinto en Brasil o en la Argentina, en Ecuador o en México, en España o en Escocia. “En Ecuador, las clasificaciones a los Mundiales constituían acontecimientos desmesurados, pero porque la selección era uno de los pocos elementos que permitía superar las diferencias identitarias abismales –que el fútbol local reproducía– entre la sierra y la costa, diferencias que reaparecen incólumes transcurrido el Mundial”, analiza Pablo Albarces.
Pero según también este sociólogo, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en México, el fútbol canaliza cada cuatro años una expectativa desbordada, aunque se trataría más “de un desborde publicitario y político” que realmente popular y, así, durante lo que llama ritual futbolístico, habría una “suspensión de las hostilidades”.
En Europa no se consigue
En España, el fútbol se presenta como una solución imaginaria a las diferencias regionales, solución que no se consigue debido a los nacionalismos comunitarios –vascos y catalanes, especialmente– que rechazan toda identificación con lo que llaman “el Estado español”.
Para los catalanes, el Barça y para los vascos el Athletic de Bilbao. Sus equipos ocupan ese símbolo nacionalista, sin tener en cuenta la selección nacional. Mientras, en Escocia, los estudiosos hablan de un “nacionalismo de 90 minutos”. La identidad escocesa, con su conocido “coranzoncito maradoniano” se condensa en sus selecciones, aunque el éxito sea efímero.
¿Somos más nacionalistas durante el Mundial de fútbol?
La idea de que el mundo entero entra en una fiebre nacionalista en cada Copa del Mundo sería a esta altura una mala interpretación.
Los brasileños son más nacionalistas que los argentinos, pero la Copa de 2002 fue celebrada como una “Copa gaúcha”, y los clivajes regionales brasileños tienen una enorme envergadura, difícil de superar. Los argentinos aparecen como históricamente más ligados a los avatares de sus selecciones, pero esto se comprueba apenas en el período de esplendor de Maradona, mientras que después de la Copa de 1994 los hinchas se replegaron a sus aficiones locales, dejando la selección en un modesto segundo plano.
“Las coincidencias son a esta altura más o menos obvias: el fútbol –nuevamente, los distintos deportes– son un mecanismo típico de articulación de fenómenos de identidad, desde el nivel micro del barrio hasta el mayor de la nación”, aclara Alabarces.
También ha sido largamente estudiado que en ese sentido el deporte ha tendido a cumplir funciones anteriormente reservadas a los mecanismos de la modernidad: la etnia, la clase, la política, el trabajo.
Allí, el deporte –el fútbol a la cabeza– ha revelado su eficacia por su calidez, por ser barato, por su omnipresencia a través de los mass-media, por la facilidad con la que encarna el discurso de lo pasional –nada aparece tan indiscutible como lo sentimental, y el fútbol es un territorio fértil para esos argumentos.
Lo que resta, en esa dirección, es la producción de más investigación que revele las diferencias, los particularismos; la manera en la que un hincha mexicano difiere de un colombiano, en la que un hincha del ascenso se diferencia del hincha de un equipo grande; sus relaciones con las clases sociales –correlación que es hasta hoy mítica, porque nadie la ha estudiado–; los modos en que los públicos femeninos se están incorporando de manera acelerada, etcétera.
En el libro, Fútbol y Patria de Alabarces, se hace referencia al peso de los tribalismos de la hinchada por sobre una presunta “pasión argentina” como una consecuencia de la fragmentación y desarticulación de la sociedad.
Pero esa “hinchada argentina” es una abstracción, difícil de construir frente al peso irrefutable de la pasión local: ser hincha de Racing es, aun, mucho más fácil. La imagen de los hinchas y jugadores de Boca Juniors festejando un título local y desconociendo con cánticos a la selección es una imagen incontrastable.
Lo que domina hoy el panorama local es aquello con lo que concluye Fútbol y Patria: “La pasión argentina es apenas un argumento publicitario, un nacionalismo de mercado que transforma las expectativas más o menos deportivas en fanatismos ofrecidos como mercancía. La pasión no se compra ni se vende, dicen los hinchas, aunque los sponsors oficiales de la selección lo desmientan cotidianamente”, concluye Alabarces.
Lo cierto es que los Mundiales son el mayor espectáculo global de la industria cultural y los públicos participan ansiosos de ese espectáculo: por excepcional, por mera curiosidad, o por la legítima expectativa –reservada para los entendidos– de ver buen fútbol.
(*) La autora de la nota es periodista y desempeña su trabajo en el departamento de Comunicación Institucional y Prensa del CONICET.
Zinedine Zidane: dos cabezazos, dos destinos divergentes
Sobre el final del primer tiempo suplementario, ZZ abrió el balón con la clase de siempre a su derecha. Francia desde comienzos del segundo tiempo dominaba territorialmente el juego, y sólo le faltaba una mayor cuota de agresividad (un fenómeno muy francés, el de la "peruanización de su fútbol": mucho toque, mucho dominio, mucha técnica, pero poco punch). Pero esta vez ZZ ínvitó con su pase a la subida de Willy Sagnol, y buscó el área. Willy tiró el centro medido que superó a un defensa azurro para encontrarse con la carrera de ZZ. Si ZZ es genial, es porque es un jugador completísimo: a diferencia de Maradona, cabecea muy bien. Y eso sucedió: el cabezazo de ZZ fue una suerte de penal. La pelota salió con fuerza singular, y el vuelo de Buffon y su atajada con una mano (una de las mejores del campeonato, sin dudas) evitó lo que hubiera sido, con toda seguridad, el gol del torneo.
Pero mucho más que el gol del torneo. Buffón evitó lo que pudo ser el trampolín de ZZ no sólo al estrellato en Alemania 2006; ZZ, en el partido final de su carrera, inmediatamente hubiera quedado consagrado, sin posibilidad de discusión, en el podio de los más grandes jugadores de la historia, junto a Maradona y Pelé. Aún más: imagino que no hubieran faltado las voces que reclamaran, acaso con alguna justicia, que ZZ es el más grande jugador de todos los tiempos.
¿O acaso no hubiera sido absolutamente consagratorio sacar a Francia campeón por segunda vez en su historia? ¿Qué jugador salió dos veces campeón como ZZ? Sólo Pelé. Todavía más: ¿QUE JUGADOR HA TENIDO UN PROTAGONISMO TAN GRANDE EN DOS FINALES DEL MUNDO COMO ZZ? Ni Maradona, ni mucho menos Cafú u algún otro pentacampeón brasilero. ZZ HUBIERA CONSEGUIDO EL RECORD DE SER EL JUGADOR CON MAS CONQUISTAS EN FINALES DEL MUNDO (4). ZZ, qué duda cabe, se instalaba en el cielo de los cielos.
Pero Buffón sacó la pelota al corner. Y unos 10 minutos más tarde, quiensabeporquémotivo, ZZ daba otro cabezazo. Deben pasar muchas cosas en la vida de una persona que se sabe vista por dos mil millones de personas. Hay que empezar a considerar el miedo escénico como un ingrediente central en los Mundiales de fútbol. Pero no sabemos qué fenómeno habrá ocurrido con el gran ZZ.
Lo cierto es que ese otro cabezazo sobre el mediocre Materazzi (le habrá insultado la madre, la esposa, o algo?), selló en un instante ese otro destino para ZZ.
Lástimísima. Pero parece que la primacía de ese segundo cabezazo sobre el primero se ajusta mejor a un Mundial que ha sido cualquier cosa menos justo, cualquier cosa menos lindo.
viernes, 11 de junio de 2010
La fiesta del fútbol
Por Martín Kohan | 04.06.2010 | 23:13 PERFIL
un partido.
Hace mucho tiempo que los hinchas que llevan a cabo esa fiesta tan encomiada, los hinchas que organizan y sostienen ese espectáculo tan requerido, reciben dineros cuantiosos para viajes y cotillón, se entongan con dirigentes que los protegen para ser a su vez protegidos y se agarran a piñas o a tiros para dirimir conflictos internos y externos. Por supuesto que no vendrá nada mal indagar quién tuvo a bien financiar el viaje de los barrabravas que actualmente pasean por Pretoria. Pero no quita que cada cual se pregunte por su parte cuál es con precisión el objeto de su entusiasmo cuando mira el mundial por tele y se entusiasma, exactamente a qué le está llamando fiesta y exactamente a qué le está llamando espectáculo.